La LDU nos hizo olvidar por un momento la realidad
Acá la situación no es diferente a la que se vive en ningún otro lugar de América. Los conflictos son permanentes y similares conflictos y confrontaciones entre los gobiernos con la prensa, los empresarios privados y las advertencias de los procesos de autonomía de ciudades importantes, como el puerto de Guayaquil.
Para la administración se torna difícil sostener credibilidad y las confrontaciones son permanentes. Y, no solo en el frente interno, en el que se desarrolla la Asamblea Constituyente, sino también en el externo con el conflicto diplomático con Colombia, por el asunto del enfrentamiento armado del ejército colombiano en territorio ecuatoriano en el que murió Raúl Reyes, el dirigente de las Farc.
Las democracias son débiles y muy dependiente de los acuerdos con sectores políticos a los que deben complacer con participación en cargos públicos, y con adquisición de armas para las Fuerzas Armadas, que en situaciones de crisis internas resultan deliberantes.
Las cosas no son nada fáciles en un país como el nuestro que en casi 30 años de democracia se acostumbró a botar gobiernos y a sustituirlos por otros que solamente se sustentan en la demagogia y el populismo.
Acá las rentas no son del sector agrícola ni ganadero; son del petróleo y las remesas enviadas por los emigrantes, de los más de tres millones de personas, que están en Estados Unidos y Europa.
Un panorama desalentador, si no fuera por el fútbol, pues hoy clasificó La Liga Universitaria de Quito y lo único seguro es que jugará la final con Boca… o Fluminense.
martes, 3 de junio de 2008
lunes, 2 de junio de 2008
Hablando de dudas, trivialidad y fobias en la red
Hablando de dudas, trivialidad y fobias en la red
Hay todavía quienes reaccionan ante lo desconocido con esas manifestaciones propias de los estadios instintivos.
Sólo así se explica que, algunas personas hayan desarrollado temores infundados a los medios electrónicos. Primero fue a la televisión, a la que los agoreros conductuales le atribuyeron poderes de generación de cambio sobre los seres humanos, y en particular de los niños.
No se puede negar, que los medios de comunicación influyen sobre las personas, pero atribuirles a esas relaciones que se establecen, entre el medio y los usuarios, condiciones deterministas, al extremo de la imitación y reproducción de comportamientos, es colocar el análisis en posiciones extremas.
Si, al final, lo que se teme es el desarrollo de conductas violentas, agresivas o aquellas permisividades sexuales, llamadas antes aberraciones o perversiones, y que las ciencia psicológicas han optado por dejar de catalogarlas anormales; es mejor cambiar el argumento, porque las “desviaciones” y la violencia existieron mucho antes del aparecimiento de los medios de comunicación.
Hoy, para aquellos agoreros del mal, el enemigo oculto es Internet y la oferta de entretenimiento contenida en la red (juegos de video, comunidades virtuales, vidas paralelas).
Esos cambios vertiginosos ofrecidos por la tecnología sorprenden a una comunidad habituada al sopor de la inmovilidad, consecuencia de la habitación en los guetos en que hemos convertido nuestros vecindarios, en espacios urbanos en donde no nos reconocemos ni conocemos a los próximos, en entornos amenazados por la inseguridad, la delincuencia, la contaminación y la soledad.
En esos escenarios, para los niños y también para quienes ya no lo son, las únicas ventanas abiertas ya no dan a las calles ni a las plazas, ni a los patios traseros con huerto y árboles; sino a la realidad virtual y la interacción que les ofrecen las redes virtuales, en donde están sus amigos, sus amores y, quizá estarán sus nuevas oportunidades.
Hay todavía quienes reaccionan ante lo desconocido con esas manifestaciones propias de los estadios instintivos.
Sólo así se explica que, algunas personas hayan desarrollado temores infundados a los medios electrónicos. Primero fue a la televisión, a la que los agoreros conductuales le atribuyeron poderes de generación de cambio sobre los seres humanos, y en particular de los niños.
No se puede negar, que los medios de comunicación influyen sobre las personas, pero atribuirles a esas relaciones que se establecen, entre el medio y los usuarios, condiciones deterministas, al extremo de la imitación y reproducción de comportamientos, es colocar el análisis en posiciones extremas.
Si, al final, lo que se teme es el desarrollo de conductas violentas, agresivas o aquellas permisividades sexuales, llamadas antes aberraciones o perversiones, y que las ciencia psicológicas han optado por dejar de catalogarlas anormales; es mejor cambiar el argumento, porque las “desviaciones” y la violencia existieron mucho antes del aparecimiento de los medios de comunicación.
Hoy, para aquellos agoreros del mal, el enemigo oculto es Internet y la oferta de entretenimiento contenida en la red (juegos de video, comunidades virtuales, vidas paralelas).
Esos cambios vertiginosos ofrecidos por la tecnología sorprenden a una comunidad habituada al sopor de la inmovilidad, consecuencia de la habitación en los guetos en que hemos convertido nuestros vecindarios, en espacios urbanos en donde no nos reconocemos ni conocemos a los próximos, en entornos amenazados por la inseguridad, la delincuencia, la contaminación y la soledad.
En esos escenarios, para los niños y también para quienes ya no lo son, las únicas ventanas abiertas ya no dan a las calles ni a las plazas, ni a los patios traseros con huerto y árboles; sino a la realidad virtual y la interacción que les ofrecen las redes virtuales, en donde están sus amigos, sus amores y, quizá estarán sus nuevas oportunidades.
sábado, 31 de mayo de 2008
¿Por qué la crítica se ubica en los extremos?
La crítica sobre el aborto se ha ubicado en los extremos
La crítica debe orientarse más hacia el punto medio. Han notado que cuando hacemos o escuchamos críticas, estas, casi siempre, mantienen puntos de vista desde los extremos.
Puedo mencionar un tema que está en las agendas diarias de los medios, el aborto.
El otro día Carlos Vera, le concedió a la asambleísta, Queirolo, una entrevista en la que esta persona criticaba los textos de educación sexual distribuidos por el Ministerio de Educación, que el mismo Vera se encargó de advertir que los criterios de la asambleista correspondían al más extremo “curuchupismo” (del Quichua conservador al extremo).
Basta una afirmación de Queirolo para coprobarlo “no le permitiría leer estos textos a mi hija adolescente (13 años) porque todavía no tiene porqué saber que existe la homosexualidad”. Vera le insistió que sí a los 15 años podrá saberlo. Queirolo no respondió.
El punto es que el tema vuelve, al día siguiente, a la agenda del noticiero estelar de ECUAVISA con una entrevista a un reconocido pediatra guayaquileño; quien inició su intervención con una advertencia: yo quiero dar mi criterio si apasionamientos ni a favor ni en contra del aborto. Su explicación fue, que toda la literatura revisada en sus 30 años y más de profesión médica y como docente universitario en Medicina ha conocido que se denomina aborto, a la terminación del embarazo antes de las 20 semanas.
Claro, a Vera no le gustan los entrevistados que contradicen lo que él ha asumido como verdad absoluta, refutó afirmando que ha escuchado a otro médico hablar de 10 semanas.
Además, en su afán de amonestar y contradecir al Ministro de Educación aseguró estar de acuerdo con aquel criterio que defiende “la vida desde la concepción”. Esa, parece ser, la posición más cómoda para quienes suelen hacer cálculos de popularidad (presentadores de televisión y políticos); pues, se le ha escuchado también mencionar al propio presidente Correa.
Estar a favor o en contra del aborto. En esa posición extrema adoptada por los políticos y algunos medios de comunicación, deja en el término medio a miles de adolescentes en una incertidumbre y en una indefinición mayor a la que puedan tener sobre cómo vivir su sexualidad y su misma existencia.
La crítica debe orientarse más hacia el punto medio. Han notado que cuando hacemos o escuchamos críticas, estas, casi siempre, mantienen puntos de vista desde los extremos.
Puedo mencionar un tema que está en las agendas diarias de los medios, el aborto.
El otro día Carlos Vera, le concedió a la asambleísta, Queirolo, una entrevista en la que esta persona criticaba los textos de educación sexual distribuidos por el Ministerio de Educación, que el mismo Vera se encargó de advertir que los criterios de la asambleista correspondían al más extremo “curuchupismo” (del Quichua conservador al extremo).
Basta una afirmación de Queirolo para coprobarlo “no le permitiría leer estos textos a mi hija adolescente (13 años) porque todavía no tiene porqué saber que existe la homosexualidad”. Vera le insistió que sí a los 15 años podrá saberlo. Queirolo no respondió.
El punto es que el tema vuelve, al día siguiente, a la agenda del noticiero estelar de ECUAVISA con una entrevista a un reconocido pediatra guayaquileño; quien inició su intervención con una advertencia: yo quiero dar mi criterio si apasionamientos ni a favor ni en contra del aborto. Su explicación fue, que toda la literatura revisada en sus 30 años y más de profesión médica y como docente universitario en Medicina ha conocido que se denomina aborto, a la terminación del embarazo antes de las 20 semanas.
Claro, a Vera no le gustan los entrevistados que contradicen lo que él ha asumido como verdad absoluta, refutó afirmando que ha escuchado a otro médico hablar de 10 semanas.
Además, en su afán de amonestar y contradecir al Ministro de Educación aseguró estar de acuerdo con aquel criterio que defiende “la vida desde la concepción”. Esa, parece ser, la posición más cómoda para quienes suelen hacer cálculos de popularidad (presentadores de televisión y políticos); pues, se le ha escuchado también mencionar al propio presidente Correa.
Estar a favor o en contra del aborto. En esa posición extrema adoptada por los políticos y algunos medios de comunicación, deja en el término medio a miles de adolescentes en una incertidumbre y en una indefinición mayor a la que puedan tener sobre cómo vivir su sexualidad y su misma existencia.
jueves, 29 de mayo de 2008
El ejercicio de la crítica ayuda a progresar
El ejercicio de la crítica ayuda a progresar
La intolerancia es el primer síntoma que evidencia comportamientos enfermos de autosuficiencia y de pretensiones totalitarias de los tiranos, inconsecuentes con la convivencia humana y respetuosa, propia de los nuevos tiempos.
Ese comportamiento que puede ser observado en las macro representaciones del poder y de los gobiernos; también se reproducen en aquellos entornos menores institucionales, organizacionales y en los medios.
Cuando esto ocurre, se empieza a escuchar la palabra, “crítica”, que se refiere a una especie de resistencia al desequilibrio emocional del aspirante a tirano o de sus capataces de turno, envilecidos en los pequeños espacios de poder que les conceden sus amos.
En tiempos de análisis de las libertades, de los derechos ciudadanos se empieza a escuchar con mayor frecuencia la palabra, crítica. ¿Es que acaso la crítica es un ejercicio de esas libertades? Sí, con seguridad lo es, y en una de las tantas acepciones que se le atribuye a la palabra libertad: entendido como ese estado que todos quisieran alcanzar y que muy pocos realmente logran comprender y compartir.
En ese marco, la crítica, con suficiencia de argumentos, Gustavo Vega, sugería, como necesaria, el propiciarla desde la academia, desde las Universidades; así como, Rubén Darío Buitrón, hacía propio de los medios de comunicación, en esa confrontación necesaria del periodista con los poderes, cualquiera fueran sus representaciones.
Sin embargo, la crítica, no es entendida como impulsora de cambios ni siquiera de puntos de vista contrarios, dirigidos a un mismo fin de superación y desarrollo. Y se llega a extremos de calificar la posición crítica como “insolencia y deslealtad”.
Cuanta razón tenía, Beaumarchais, al sostener que “sin libertad para criticar, no hay elogio halagador”; que es igual a lo que sostiene Virilio: “Sin crítica no hay progreso, solo condicionamiento, inmovilidad”, y, podemos agregar, que mientras se mantenga la intolerancia a la autocrítica dentro de los espacios de poder, gobierno y de los medios; sólo seguirán reproduciendo las conductas que los anquilosaron.
La intolerancia es el primer síntoma que evidencia comportamientos enfermos de autosuficiencia y de pretensiones totalitarias de los tiranos, inconsecuentes con la convivencia humana y respetuosa, propia de los nuevos tiempos.
Ese comportamiento que puede ser observado en las macro representaciones del poder y de los gobiernos; también se reproducen en aquellos entornos menores institucionales, organizacionales y en los medios.
Cuando esto ocurre, se empieza a escuchar la palabra, “crítica”, que se refiere a una especie de resistencia al desequilibrio emocional del aspirante a tirano o de sus capataces de turno, envilecidos en los pequeños espacios de poder que les conceden sus amos.
En tiempos de análisis de las libertades, de los derechos ciudadanos se empieza a escuchar con mayor frecuencia la palabra, crítica. ¿Es que acaso la crítica es un ejercicio de esas libertades? Sí, con seguridad lo es, y en una de las tantas acepciones que se le atribuye a la palabra libertad: entendido como ese estado que todos quisieran alcanzar y que muy pocos realmente logran comprender y compartir.
En ese marco, la crítica, con suficiencia de argumentos, Gustavo Vega, sugería, como necesaria, el propiciarla desde la academia, desde las Universidades; así como, Rubén Darío Buitrón, hacía propio de los medios de comunicación, en esa confrontación necesaria del periodista con los poderes, cualquiera fueran sus representaciones.
Sin embargo, la crítica, no es entendida como impulsora de cambios ni siquiera de puntos de vista contrarios, dirigidos a un mismo fin de superación y desarrollo. Y se llega a extremos de calificar la posición crítica como “insolencia y deslealtad”.
Cuanta razón tenía, Beaumarchais, al sostener que “sin libertad para criticar, no hay elogio halagador”; que es igual a lo que sostiene Virilio: “Sin crítica no hay progreso, solo condicionamiento, inmovilidad”, y, podemos agregar, que mientras se mantenga la intolerancia a la autocrítica dentro de los espacios de poder, gobierno y de los medios; sólo seguirán reproduciendo las conductas que los anquilosaron.
lunes, 26 de mayo de 2008
La cocultura EMO presentada como “peligrosa” en programa de televisión
El programa Día a Día ha mostrado como peligrosa a la cocultura, EMO, originada en una comunidad virtual de hi5 y constituida en moda juvenil.
El realizador indagó en la identificación EMO; se centró en el vestuario y en el sitio de Internet hi5. Para brindar la sensación de invesgación contactó a tres adolescentes de 15 y 16 años, en la red, y lo hizo como si los hubiese encontrado en otro planeta.
Les mostró sin rostro, sin advertir a los televidentes ninguna consideración de protección de identidad; como si los espectadores debieran, por su cuenta, deducir o conocer ese propósito.
Para completar los prejuicios contra la moda juvenil, entrevistó psicólogos y sociólogos, a quienes identificó como especialistas. Quienes no perdieron oportunidad para promocionar sus consultas con alertas a los padres de que los casos de imitación de conductas de la moda EMO fuese peligrosa y negativa en la formación de los jóvenes.
Eso fue reafirmado con extractos de textos de Internet, en los cuales se definen características de los EMO como “delgados, tristes y deprimidos”; como si la persona pudiera escoger el desarrollar semejante cuadro. Además, un caso de rasguños en el brazo de uno de sus entrevistados, anónimo, fue mostrado como indicador de conducta anormal y atentado a su propio cuerpo.
Un caso más en el que a los adolescentes se les muestra como ingenuos, violentos y anónimos.
Para finalizar, han insistido en la necesidad de la intervención profesional para asistir a los adolescentes que se identifiquen como EMO.
Tiene el programa y sus especialistas alguna confirmación científica, o al menos presunción documentada, para asegurar que las comunidades virtuales y, en particular la tendencia juvenil EMO tienen o generan influencia negativa sobre las personas, ¡ninguna!. Así como no tenían ninguna razón para ocultar la identidad y relacionar sus comportamientos con imágenes de agresiones entre grupos juveniles, que esas sí, con seguridad, han conmocionado a más de un espectador del programa.
El realizador indagó en la identificación EMO; se centró en el vestuario y en el sitio de Internet hi5. Para brindar la sensación de invesgación contactó a tres adolescentes de 15 y 16 años, en la red, y lo hizo como si los hubiese encontrado en otro planeta.
Les mostró sin rostro, sin advertir a los televidentes ninguna consideración de protección de identidad; como si los espectadores debieran, por su cuenta, deducir o conocer ese propósito.
Para completar los prejuicios contra la moda juvenil, entrevistó psicólogos y sociólogos, a quienes identificó como especialistas. Quienes no perdieron oportunidad para promocionar sus consultas con alertas a los padres de que los casos de imitación de conductas de la moda EMO fuese peligrosa y negativa en la formación de los jóvenes.
Eso fue reafirmado con extractos de textos de Internet, en los cuales se definen características de los EMO como “delgados, tristes y deprimidos”; como si la persona pudiera escoger el desarrollar semejante cuadro. Además, un caso de rasguños en el brazo de uno de sus entrevistados, anónimo, fue mostrado como indicador de conducta anormal y atentado a su propio cuerpo.
Un caso más en el que a los adolescentes se les muestra como ingenuos, violentos y anónimos.
Para finalizar, han insistido en la necesidad de la intervención profesional para asistir a los adolescentes que se identifiquen como EMO.
Tiene el programa y sus especialistas alguna confirmación científica, o al menos presunción documentada, para asegurar que las comunidades virtuales y, en particular la tendencia juvenil EMO tienen o generan influencia negativa sobre las personas, ¡ninguna!. Así como no tenían ninguna razón para ocultar la identidad y relacionar sus comportamientos con imágenes de agresiones entre grupos juveniles, que esas sí, con seguridad, han conmocionado a más de un espectador del programa.
viernes, 23 de mayo de 2008
¿Se debe renegar de la objetividad?
La tendencia a renegar de la objetividad, de la veracidad y de la imparcialidad en periodismo es una visión contagiada de la academia.
Rubén Darío Buitrón, periodista y escritor; el pasado jueves, en Cuenca, y ante un grupo de periodistas, ha propuesto renegar de la objetividad, la veracidad y la imparcialidad; en reemplazo de estas categorías, que han sostenido el análisis del periodismo en los medios masivos, ha propuesto la subjetividad, el ser críticos y el recoger criterios de verdad.
Y es que, Buitrón, interpreta objetividad como mentira e imparcialidad como arrogancia. “El periodista que afirma ser objetivo, decir la verdad y mantener imparcialidad, miente ¡eso es mentira! Porque eso ¡no existe!” recalcó ante los estudiantes, quienes han tomado notas, también, de su listado de recomendaciones para un manejo ético en los medios: equilibrio, honestidad, información libre de errores, pluralismo, apertura, veracidad, integridad, creatividad y otras cualidades y talentos que, por supuesto, deben cultivar y cuidar, todo el tiempo, el periodista y los medios.
El renegar de la objetividad, en ese empeño por alcanzar la verdad, es una tendencia que se originó en la academia, cuando teóricos, resistentes a la cosmovisión positiva y la aplicación de métodos empíricos propusieron como alternativa la visión subjetiva, aquella que indaga en las cualidades de los fenómenos, o de los hechos, la que reconoce que la interacción que se produce en el conocimiento es entre sujetos pensantes y no entre objetos y cosas. Otra posibilidad es la visión interpretativa y crítica. Pero Buitrón reniega también de la interpretación: afirmó que al periodista no le corresponde interpretar la realidad, sino mostrarla tal cual, en un juego de mediación entre los ciudadanos, las mayorías y el poder político. En una posición que la ubicó no contra el poder, pero sí frente a él.
La pregunta es: cómo se puede ser subjetivo y crítico, las categorías de Buitrón, sin la interpretación; cuando la condición de la subjetividad es la interpretación.
Una primera respuesta posible es dejar de caminar sobre los extremos; permitir esa flexibilidad que facilitaba el establecer el “punto medio” de la ética aristotélica. La objetividad y la subjetividad son maneras de ver el mundo, que facilitan conocerlo para poder explicarlo, predecir las consecuencias y establecer posibilidades de cambio. Formar periodistas con mentes lúcidas, capaces de establecer esas sutiles diferencias sí es emergente, como lo es, también, el que se cultive la razón suficiente para que el ejercicio de la interpretación y la crítica sea un aporte en el oficio.
Rubén Darío Buitrón, periodista y escritor; el pasado jueves, en Cuenca, y ante un grupo de periodistas, ha propuesto renegar de la objetividad, la veracidad y la imparcialidad; en reemplazo de estas categorías, que han sostenido el análisis del periodismo en los medios masivos, ha propuesto la subjetividad, el ser críticos y el recoger criterios de verdad.
Y es que, Buitrón, interpreta objetividad como mentira e imparcialidad como arrogancia. “El periodista que afirma ser objetivo, decir la verdad y mantener imparcialidad, miente ¡eso es mentira! Porque eso ¡no existe!” recalcó ante los estudiantes, quienes han tomado notas, también, de su listado de recomendaciones para un manejo ético en los medios: equilibrio, honestidad, información libre de errores, pluralismo, apertura, veracidad, integridad, creatividad y otras cualidades y talentos que, por supuesto, deben cultivar y cuidar, todo el tiempo, el periodista y los medios.
El renegar de la objetividad, en ese empeño por alcanzar la verdad, es una tendencia que se originó en la academia, cuando teóricos, resistentes a la cosmovisión positiva y la aplicación de métodos empíricos propusieron como alternativa la visión subjetiva, aquella que indaga en las cualidades de los fenómenos, o de los hechos, la que reconoce que la interacción que se produce en el conocimiento es entre sujetos pensantes y no entre objetos y cosas. Otra posibilidad es la visión interpretativa y crítica. Pero Buitrón reniega también de la interpretación: afirmó que al periodista no le corresponde interpretar la realidad, sino mostrarla tal cual, en un juego de mediación entre los ciudadanos, las mayorías y el poder político. En una posición que la ubicó no contra el poder, pero sí frente a él.
La pregunta es: cómo se puede ser subjetivo y crítico, las categorías de Buitrón, sin la interpretación; cuando la condición de la subjetividad es la interpretación.
Una primera respuesta posible es dejar de caminar sobre los extremos; permitir esa flexibilidad que facilitaba el establecer el “punto medio” de la ética aristotélica. La objetividad y la subjetividad son maneras de ver el mundo, que facilitan conocerlo para poder explicarlo, predecir las consecuencias y establecer posibilidades de cambio. Formar periodistas con mentes lúcidas, capaces de establecer esas sutiles diferencias sí es emergente, como lo es, también, el que se cultive la razón suficiente para que el ejercicio de la interpretación y la crítica sea un aporte en el oficio.
Encuentro de los medios fue espacio de confesión
El director de un medio de comunicación, en Cuenca, confesó haber recibido ofertas por 35.000 dólares, para que en los espacios de noticias del medio que dirige sean entrevistados candidatos de un mismo movimiento político; oferta, que por su puesto, rechazó por consideraciones éticas. Aunque el director no precisó quien hizo semejante oferta ni el argumento que evitó denunciarlo de manera pública; el hecho ejemplificó en el Primer encuentro de los medios de comunicación del Azuay, efectuado en Cuenca, los conflictos de intereses que entran en juego en esa estrecha relación que entablan los medios con la política y el poder económico.
Los directores de medios, invitados al foro, hablaron de responsabilidades, de libertad de expresión y de prensa, de trabajo profesional, de pluralidad; y, también, lo hicieron de sus intentos de marcar diferencias. Como el que persiguen los canales locales de televisión: Telerama en la búsqueda de acercar la programación a lo que es todavía su eslogan “canal cultural”, aunque las expresiones culturales que se difunden sean diferentes y distantes de lo local y se insista, como alternativa y ante la dificultad de definir “cultura local” por considerarla “elitista”, en el documental científico, ambiental, biográfico y tecnológico.
Unsión Televisión ha fundamentado su programación y políticas del medio en la ética y la moral. Su director participó de la redacción del código de ética para la Asociación de Canales de Televisión Ecuatoriana; aunque permanezca como letra muerta. En ese código, dijo Eduardo González, se censura el escándalo, el amarillismo, la distorsión y “la loca carrera de ganar audiencias”.
El Comité de ética de los canales de televisión también reflexiona, sobre la influencia que tiene todo lo que hacen y exhiben los medios masivos sobre la colectividad; y, están concientes, que solo será posible que las programaciones cambien cuando los medios estén dispuestos a escuchar a sus lectores, oyentes y televidentes.
Los directores de medios, invitados al foro, hablaron de responsabilidades, de libertad de expresión y de prensa, de trabajo profesional, de pluralidad; y, también, lo hicieron de sus intentos de marcar diferencias. Como el que persiguen los canales locales de televisión: Telerama en la búsqueda de acercar la programación a lo que es todavía su eslogan “canal cultural”, aunque las expresiones culturales que se difunden sean diferentes y distantes de lo local y se insista, como alternativa y ante la dificultad de definir “cultura local” por considerarla “elitista”, en el documental científico, ambiental, biográfico y tecnológico.
Unsión Televisión ha fundamentado su programación y políticas del medio en la ética y la moral. Su director participó de la redacción del código de ética para la Asociación de Canales de Televisión Ecuatoriana; aunque permanezca como letra muerta. En ese código, dijo Eduardo González, se censura el escándalo, el amarillismo, la distorsión y “la loca carrera de ganar audiencias”.
El Comité de ética de los canales de televisión también reflexiona, sobre la influencia que tiene todo lo que hacen y exhiben los medios masivos sobre la colectividad; y, están concientes, que solo será posible que las programaciones cambien cuando los medios estén dispuestos a escuchar a sus lectores, oyentes y televidentes.
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