sábado, 2 de abril de 2011

Investigación y docencia:

Investigación y docencia: el reto para las Universidades
Las Universidades, como quizás ninguna otra institución, son el reflejo y representación de su entorno inmediato, la colectividad. Así consideradas se han mantenido por décadas como formadoras de profesionales con suficiencia académica para afrontar el crecimiento de las ciudades y regiones en las cuales se propició su propio surgimiento.
El universo de oportunidades de formación constituyó siempre motivo de preocupación de las autoridades regentes de las Casas de Estudios; y en particular en el Austro, en donde hay casi una decena de Universidades que ofrecen formación humanística y técnica, en vastos campos de conocimientos y sus especificidades.
La multiplicación de universidades ha seguido a la multiplicidad de intereses manifiestos de formación, como necesidades reales de la región; y otras se han impuestos siguiendo la lógica de crecimiento de distintas regiones, ciudades y países.
Se podría ilustrar que las universidades han crecido en lo horizontal. Pues en una extensión lineal de menos de 30 kilómetros se ubican las diez. Surge, entonces la pregunta si, acaso, en una dirección vertical también han desarrollado las universidades. Podemos advertir que sí, desde luego, sería inapropiado el no reconocerlo; pero, y entonces, ese crecimiento fue acelerado o suficiente y pertinente para alcanzar esa que es la entelequia en los Centros de Estudios Superiores: la excelencia. Será justo reconocer, también, que no. Que los ideales de la Universidad, en su conjunto aguardan; y esperan la suma de varios factores tanto internos: (capacitación de docentes, mejoras administrativas y de infraestructura, fortalecimiento de la participación estudiantil, pero en actividades académicas). Así como, externos (mayores presupuestos y conexiones para actualizaciones permanentes en casi todos los ámbitos).
La investigación es otro propósito universitario pendiente. Los centros de estudios han emprendido y con gran impulso el tratar de fomentar iniciativas docentes encaminadas a la investigación. Su consecución se verá manifiesta y con los beneficios para el prestigio de las academias de la región y, sobre todo, como complemento indispensable en la práctica docente y de formación integral de los estudiantes.

sábado, 11 de diciembre de 2010

La degradación del oficio y la decadencia de los medios privados

La degradación del oficio y la decadencia de los medios privados

En los últimos tiempos asistimos a la degradación del oficio del periodista. La frase, aunque no es reproducción literal, fue pronunciada por Ignacio Ramonet, el director de Le Monde Diplomatique, que fue convocado a CIESPAL para hablar de los nuevos retos y nuevas formas de hacer periodismo en la red de Internet; y a la Tv Pública para conversar del periodismo, el desempeño que ocupa el tiempo del intelectual español que vive en Francia.
La degradación del oficio puede ser vista desde varias perspectivas: la de los contenidos sensacionalistas y de bajo nivel intelectual que inunda tanto los medios calientes y fríos. La de aquellos mensajes que solo buscan la espectacularidad y el escándalo y el drama humano, pero y, también, la degradación es resultado de la falta de dignidad en el trato al periodista, a los bajos salarios y los excesos de presión e intereses en las salas de redacción.
El análisis del intelectual apuntó a unos signos de decadencia de los grandes medios de comunicación, que han fijado sus ingresos en la libre empresa y las leyes del mercado. Por extensión podría advertirse que también la problemática alcanza a los medianos y pequeños, que siguen la misma lógica del comercio de noticias en sociedades de consumo. En las cuales hay una relación directa entre libertad de expresión y de prensa con la libertad de empresa y la propiedad privada de los medios de comunicación.
Como Ramonet, ya otros intelectuales, académicos y personas con criterio han advertido que con la abundancia de información en la red y sus medios emergentes; los periodistas y medios tradicionales han perdido el patrimonio y la propiedad de la información. Y a esa pérdida hay que sumar el surgimiento, en Ecuador, reciente de la aparición de los medios públicos. Sean estos medios públicos “gubernamentales o estatales”, llegaron apara quedarse porque ya no responden a la lógica del mercado y al juego de intereses entre anunciantes y propietarios de medios.
La degradación del oficio de informar; la decadencia de los medios tradicionales enfrenta retos que ya impulsaron procesos de cambio en los medios que lo percibieron primero y ya hace 20 años. Se crearon y fortalecieron las salas de redacción y se perfiló la mirada a los ciudadanos para delinear las agendas propias. Sin embargo, al empeño sigue pendiente lo que es ventaja en la red de Internet: la posibilidad de interactuar y pasar de informar a comunicar.
Esa condición que va más allá del retorno; a una participación activa de los usuarios de los medios solo será posible con un mayor compromiso ciudadano en la constitución de observatorios críticos de medios y del desempeño de periodistas. Los medios públicos, recién creados en Ecuador, podrían alcanzar mayor penetración en públicos desencantados de lo que ofrecen los medios privados. Y ese solo será el primer paso.

sábado, 9 de octubre de 2010

Prometeo deportado el desencanto de un país

Prometeo deportado el desencanto de un país

Prometeo deportado, la película de Fernando Mieles, vuelve a indagar en un tema recurrente en la literatura y el cine: la inexorable existencia de los seres humanos atrapados en el desencanto de su propia existencia.
Ya en 1946, George Orwel, en La rebelión de la graja, puso en evidencia los límites a los que puede llegar el abuso del poder, la intolerancia y el miedo en sucesivos episodios de sometimiento y revoluciones. El libro que es una alegoría de las revoluciones fue adaptada al cine por Joy Batchelor y John Halas en 1954.
Otra referencia al comportamiento humano desbordado a la deshumanización y el absurdo es la novela de José Saramago, Ensayo sobre la ceguera, en ella también se alegoriza sobre un mundo de seres atrapados en la incertidumbre y la pérdida de esperanza. Llevada al cine por el brasileño Fernando Meirelles, Ensayo sobre la ceguera mostró un escenario desolador en el que las necesidades de sobrevivencia ponían a los seres humanos a competir por alimentos y el control de los pequeños espacios de poder que ofrecía el encierro y la uniformidad de la ceguera y el terror.
Fernando Mieles, en Prometeo deportado, toma como pretexto la migración para volver uniforme a un grupo de seres humanos atrapados en una sala de embarque de un aeropuerto internacional que tienen en común su procedencia. Ser ecuatorianos constituye, entonces, su desesperanza y la posibilidad de retorno su miedo permanente y recurrente. Una película cuya verosimilitud y el lenguaje vulgar, a veces obsceno se compara con los shows televisivos, el teatro callejero y los programas de entretenimiento. Maneja los mismos símbolos cargados de estereotipos que, supuestamente, identifican a determinados sectores de la población, urbano marginales y rurales; así como de la mujer y los indios. Eso, claro, entretiene a auditorios acostumbrados a reír a carcajadas con bromas sexistas, racista, xenófobas y hasta violentas frente a la peor programación de televisión.
Si hay un mérito es el atreverse al relato cinematográfico con escenas y secuencias discontinuas. Eso consigue, Mieles, al poner en escena a actores importados del teatro quienes están familiarizados con largas líneas de actuación y narración; sin embargo hay pasajes de la historia que se vuelven reiterativos y hasta tediosos y previsibles. En el empeño del manejo actoral teatralizado ocurre que se pierde continuidad en varios pasajes y quedan personajes y protagonistas sueltos.
La historia de Mieles si tiene un final y lo consigue con gracia y magia; un final feliz, también propio de culebrón televisivo, en el que la trama de la migración desaparece y emerge la del sinsentido.

sábado, 2 de octubre de 2010

La huelga de los policías

La huelga de los policías

Los policías se declaran en huelga. Se encierran en el Regimiento Quito, su cuartel general, y la prensa empezó a especular con calificativos mucho más escandalosos que el propio hecho, que los policías se negaran a trabajar.
El mandatario Rafael Correa, convencido de que la protesta policial obedecía a un enojo ya manifestado antes por el articulado de la Ley de servicio público, que eliminaba bonos, condecoraciones y ascensos; y sustituía por otra modalidad de bonificación , acude de manera personal para sofocar el reclamo. Confiado el Presidente en las informaciones de “inteligencia” de que “todo estaba bajo control” y que la tropa seguiría obediente a la cúpula de generales llega a un patio en el que ya estaba ocupado por policías indignados, por familiares y amigos de éstos también bajo efectos de resentimiento, espíritu de cuerpo y solidaridad.
El enojo era natural: si tan solo el mandatario hubiera podido meditar en la importancia que para el policía y su familia tienen los ascensos y condecoraciones; si hubiese pensado que el bono y la canasta navideña son ritos y ceremonias emotivas para oficiales, personal de tropa y sus familias; quizá su ley no hubiese sido impuestabajo el imperio de la cólera y las balas.
Es probable que para muchos asambleístas con aires de intelectuales sociales sea algo trivial un botón o insignia de graduación y ascensos de jerarquía dentro de la Fuerza Pública. Es probable que para aquellos científicos sociales de aula de clase perfumada y portátil con conexión al mundo virtual, que pululan de asesores de Asamblea y Gobierno; sea la celebración de la Navidad y la entrega de regalos una alegoría impostada del mundo occidental, del que tanto reniegan; pero ignoran los significados emocionales y humanos que tiene para las personas comunes.
Es imposible forjar una Ley que ignore y atropelle los valores y las costumbres. No hay que desconocer que las primeras normas, las elementales y básicas, solo fueron una transcripción de lo que ya se seguía por costumbre.
No se puede legitimar un articulado legal con sangre y fuego. Y menos en un escenario de guerra civil transmitido en directo por la televisión pública y privada. Nadie quiere ya héroes rescatados de las salas destartaladas de los hospitales públicos ni lastimeros llamados de unidad sobre el silencio de cadáveres caídos bajo el fuego cruzado de comandos de una misma fuerza pública. Ningún ciudadano soportó el ejercicio de una comunicación unidireccional emitida de manera forzosa y forzada desde la televisión y radio públicos, ni los discursos ni llamados formulados por personas desconocidas y hasta descalificadas que se sucedían durante cinco horas de una cadena nacional “indefinida e ininterrumpida”.
La huelga de los policías y de un sector de la Fuerza Aérea; convertida por la especulación de los medios en: “revuelta, sublevación, insurrección, insubordinación; y por el gobierno en un intento de golpe de estado”; sí, pone en evidencia, una vez más, la debilidad de un sistema democrático acomodado cada cierto tiempo a los intereses de los gobiernos de turno; con articulados constitucionales moldeados a esos requerimientos coyunturales.
Hubiese sido mucho más fácil encontrar a los cabecillas de la declaratoria de huelga si los medios y el gobierno mantenían el incidente en esa justa medida; pero ahora, tanto la televisión como el régimen, llevaron los acontecimientos al secuestro de un mandatario, a un intento de golpe de estado, a un estado grave de conmoción interna y a un enfrentamiento armado que dejó media docena de muertos y casi un centenar de heridos. Sin sumar las secuelas y el desprestigio internacional causado al convertir a la República en un escenario mediático guerra civil que, con un mínimo uso de inteligencia, se pudo haber evitado.

viernes, 27 de agosto de 2010

A los familiares del muerto

A los familiares del muerto

Se ha vuelto una constante macabra en los medios. Correr hasta donde están los familiares del muerto. En este caso del único sobreviviente y de, hasta el momento seis de los muertos, en la masacre de México.
Como si la descomposición social que vive México estuviera en la parroquia Gerr, del cantón Cañar, la reportería apunta nuevamente las cámaras a los rostros de los campesinos, a su estupor y sus naturales demostraciones de dolor y de tristeza.
Otros hacen relaciones entre la actividad del coyotero que traslada a sus vecinos y hasta familiares al cumplimiento de sus aspiraciones de viaje; y hasta hay quien todavía manifiesta discursos lastimeros y prejuiciosos sobre las “supuestas” situaciones de miseria y abandono gubernamental del sector campesino e indígena.
Con imágenes de carreteras lastradas, plantaciones de papas y casas de adobe pretenden justificar un discurso periodístico tan distante de la realidad rural como lo está el equipo gubernamental al que lanza las críticas.
En ese mismo entorno que el periodista dibuja para sus televidentes no se pueden evitar las edificaciones conseguidas con el dinero que la emigración ya ha apartado por más de 75 años, y ha permitido mejores condiciones de vida a casi cuatro generaciones de habitantes del Austro.
En ese mismo discurso incapaz de desarrollar empatía con el otro; se confunde el natural silencio de los campesinos, motivado por la incertidumbre, con la amenaza y la advertencia de lo que llaman “mafias de coyoteros”. “Los familiares ya han sido amenazados” repetía un locutor de radio; en un claro intento por relacionar la abominable matanza de las 72 personas en México con el entorno apacible y rural de la sierra austral.
En respuesta, la militarización de la zona. De pronto el poder gubernamental interviene con lo único que sabe hacer: el uso de la fuerza y el elemento sorpresa: rodear y atestar de policías y militares el pequeño poblado rural.
La masacre ocurrida en México pone en evidencia que el interés natural por emigrar enfrenta barreras en las fronteras que son peores que los muros de acero y concreto: una descomposición social en México y sus estados de frontera en cuyos territorios es evidente que al gobierno mexicano se le ha salido de control; y la indolencia del gobierno norteamericano incapaz de asumir situaciones de igualdad para los emigrantes que todavía consideran que es “el país de las oportunidades”.

domingo, 14 de febrero de 2010

Los personajes de Oscar Wilde hablan del amor

Los personajes de Oscar Wilde hablan del amor

Cuando los personajes de Oscar Wilde hablan del amor lo hacen con un natural apego de este sentimiento con la vida. Y como la vida en los extremos de la ternura, la vitalidad, el sacrificio y la muerte.
Solamente la exposición de unas frases sueltas para halagar a aquellos espíritus todavía sensibles a las palabras y a los afectos y sensaciones que estas desencadenan.
Ruiseñor-. Realmente el amor es algo maravilloso: es más bello que las esmeraldas y más raro que los finos ópalos. Perlas y rubíes no pueden pagarlo porque no se halla expuesto en el mercado. No puede uno comprarlo al vendedor ni ponerlo en una balanza para adquirirlo a peso de oro.
Golondrina -¡Qué hermosas son las estrellas - y qué poderosa es la fuerza del amor!
-Me da mucha alegría que partas por fin para Egipto, Golondrina -dijo el Príncipe-. Has permanecido aquí demasiado tiempo. Pero tienes que besarme en los labios porque te amo.
-Todo el lugar que amamos es para nosotros el mundo -dijo una rueda unida en otro tiempo a una vieja caja de pino y muy orgullosa de su corazón destrozado-; pero el amor no está de moda; los poetas lo han matado. Han escrito tanto sobre él, que nadie los cree ya, cosa que no me extraña. El verdadero amor sufre y calla... El romanticismo es algo del pasado.
-¡Qué estupidez! -exclamó la candela romana-. La novela no muere nunca. ¡Se parece a la luna: vive siempre! Realmente, los recién casados se aman tiernamente.